21 de noviembre de 2013

Ida


Vestiduras negras
y pálido semblante
has venido a buscarme
con tu marchito reloj.
Sutilmente desarropas
lo latente de mi cuerpo,
lo acaricias y trastocas
antes del lastimar.
Anotas en tu libro
los segundos del misterio
y procedes a la obra:
el póstumo final.
Y despierto
ante la imagen
de unos ojos
quasi muertos
-tiemblo-
ante el invierno
que arropa tu esplendor.
Te reconozco
debajo de la túnica implacable,
tu rostro etéreo
tu mirada triunfal.
Diminuta yo,
ante la hora de la muerte
me postro de rodillas
con solemne petición:
Tocar el manto enlutado
entrever por las rendijas
y mirar por vez primera
los vestigios
de Dios. 

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