28 de mayo de 2018
Vacío
Días y noches rodando en la cama
como caracol olvidado a la orilla
del mar.
Me envuelvo y desenvuélvo
en las sábanas,
contraigo y estiro
mis piernas
mientras espero
que mi útero estalle
en lágrimas o sangre.
Mis huesos crujen
como piso
de madera vieja,
mis músculos arden
como hornilla encendida.
En silencio acaricio
el paréntesis
de mi vientre,
conjunto vacío,
un cero al sur
de mi ombligo.
Siento el dolor
y pienso que falta poco,
me equivoco,
lloro frustrada.
¿Cuánto tiempo toma
parir un fantasma?
¿Cuántas horas
para que mi cuerpo sepa
que su fruto ya ha muerto?
Camposanto entre mis caderas
se reúsa a abrir sus puertas
pero esta vez yo sé
que mi Lázaro
no resucita.
Miro al techo resignada,
escucho las lloviznas
estrellarse en mi ventana.
Me pregunto si podré
caminar hasta el jardín
y escoger las más
diminutas flores
para posarlas
en mi abdomen
y elevar una oración
por mi niño perdido.
25 de febrero de 2014
Fantasía
La música
oculta las voces
que en complicidad
conjugan
el encuentro.
Vestiduras
dispuestas
e indispuestas
listas para el vaivén
de ritmos
dictados
por los cuerpos.
A oscuras
entre la gente
posees mi interior
desierto.
Tus manos
sosteniendo
la escasez
de mi falda,
mis manos
apretando
tu pantalón
abierto.
Y bailamos
cual si el ritmo
de la noche
sacudiera
mis adentros,
mas me sabes
poseída
por la longitud
salada
de tu sexo.
Esporádicas
las luces
te reflejan
mi rostro
mojado
en deseo.
Mis labios
mordiendo
los tuyos,
tu lengua
simulando
orgías
en mi pecho.
Cadencias
y melodías
me hacen gemir
sirenas
sobre tu cuello.
Y sin que acabe
tu canción
me invistes hasta
el nirvana etéreo.
Mi sexo
palpitante
recibe tu lluvia
de invierno,
tu pene reposado
siente el sol
en mis adentros.
Entre la gente
y el silencio
me destronas
de tu cuerpo.
en espera
de otro ritmo
en el vals
de nuestros
juegos.
22 de enero de 2014
Bocas saladas
Imaginación en alta
mar
se sienten las
marejadas
en mi cuerpo.
Vienen y van las
olas
sobre mi quimera
mojada,
bautizada de sales,
de algas y coral.
Sirena ensimismada
hipnotizada por tus
labios,
buscando una pista
para tocarlos
y robarte por un
momento
ese besar sagrado.
Llueve sobre mojado
en goteras de piel,
y en tu cuerpo un
tornado
arrastrando mi ser.
Ahogada y
silenciosa
me dejo morir
entre tus brazos
para resucitar
en gemidos
del copular
imaginario.
Pensamientos a la
orilla,
los deseos
estrujados.
Tu piel en otro
templo
se acaricia
mientras yo en
estos
versos
recorro tu cuerpo
con mis labios.
21 de noviembre de 2013
Oda
Pequeña, frágil,
diminuta y soñadora,
cuenta cuentos
sin parar.
Parece ser débil
pero ha conquistado
almas al borde
de su sonrisa.
Ha parido musas
en su alcoba
y ha danzado sobre
los siete mares
las músicas
del Jordán.
Todo lo lleva
por dentro:
las palabras,
la tinta
y el papel.
También posee
un cincelador
de tiempos
para nunca
llegar tarde
a la vista del
amanecer.
Ella pinta
con sus labios
los bemoles
de su clarinete
para que no lloren
las partituras
en medio del
invierno.
Habla con sus manos,
pinta el mundo con
sus dedos
y arranca los días
grises de los
calendarios
con el gotero
de su corazón.
Ella calla,
guarda silencio,
todo lo observa
y medita
antes de reencarnarse
en otro mundo
y en otro yo.
Entonces
reaparece
vestida de
poema
para poseer
las almas
de los ojos
que se pasean
por su piel.
Ella es metáfora,
símil y moraleja,
ella es musa, sonido
y tambor.
Ella arde
sobre los
latidos
de mi pecho
y de vez en cuando
me atrevo a
llamarla
por su nombre:
yo.
Ida
Vestiduras negras
y pálido semblante
has venido a buscarme
con tu marchito reloj.
Sutilmente desarropas
lo latente de mi cuerpo,
lo acaricias y trastocas
antes del lastimar.
Anotas en tu libro
los segundos del misterio
y procedes a la obra:
el póstumo final.
Y despierto
ante la imagen
de unos ojos
quasi muertos
-tiemblo-
ante el invierno
que arropa tu esplendor.
Te reconozco
debajo de la túnica implacable,
tu rostro etéreo
tu mirada triunfal.
Diminuta yo,
ante la hora de la muerte
me postro de rodillas
con solemne petición:
Tocar el manto enlutado
entrever por las rendijas
y mirar por vez primera
los vestigios
de Dios.
Fénix
Metamorfe llama
de inagotable
luz etérea
que se fuga
de mi mundo.
No pertenece
a nadie
solo se amarra
a sí misma,
su indomable ser.
Inhala fuerza,
coraje y valentía,
exhala mundos,
universos, placer.
Mirar sus ojos
y temerle al pecado
condenable,
sentir su alma
sin que mi dedo
roce su piel.
Su ángel
acaricia mi ángel
y por vez primera
Venus ha hechizado
mis pasillos del saber.
Y sé lo imposible
de esta posibilidad
poética
que solo en estas letras
somos equis,
equis, ye.
Confesionario del poeta: Muñeca
Ser la muñeca, es decir, ser el objeto del placer fugaz. Minimizarse a ser los segundos del juego, del grito fingido, de la derramada pasión. Sentir el asco rozando tu garganta, tragarse el miedo, escupir dolor. Llorar en las cuatro esquinas de la cama y esconderse (silenciosa) en los rincones del ayer. Contraer el virus, contagiarse y ser juguete poseído, juguete en posesión. El rechazo te cruje en la médula del hueso y en el pecho gimen los presagios del adiós. Te llaman muñeca -eres juego-, te llaman muñeca pero eres Mujer.
Yo también he sido juego, la muñeca, el des-amor. He vivido las horas del silencio y hasta he jugado conmigo -misma- ese juego de dos. Han usurpado mis adentros, me han dejado hueca y sin cuerdas como guitarra deshecha, como fe sin Dios. Después de todo –dicen- soy muñeca sin alma, solo cuerpo, sin vida ni patria, sin religión. Ser la muñeca del masoquismo y callar ante el libreto de los más atroces juegos de la carne y el dolor. Dejar que los años te atropellen, arrugarse bajo las sábanas del actuado afecto. Es saber que todos los niños [inevitable] crecen y que una noche cualquiera te dejan tirada en el suelo del adiós por que apareció en el mercado un juguete nuevo, otra muñeca que juega a las máscaras de amor.
20 de noviembre de 2013
Destierro
Regalo mi tiempo, ese reloj de arena que marcaba cadencias entre mis caderas y su cintura. Renuncio a todo, a mis miradas seductoras, a los colores con que disfrazaba mis ojos, a las fotografías viejas, a mi piel. Lo dejo todo, en absoluto, la cajita de poemas marchitados por las horas, las cartas anónimas, las palabras de ayer y hasta me bajo de aquel carrusel tantas veces imaginado, que hacía brotar sonrisas entre mis lágrimas de hiel. Muero a todo como en testamento. Entrego mis letras no escritas a la gemela de mi alma, esperando que pueda imaginar mi voz a lo lejos, leyéndole en susurros cualesquiera de estas noches que están por venir. Lo dejo todo, sí, todo. Mi música escondida y las canciones que no canté, las dejo en manos de la mujer que nació de otro cuerpo pero que compartía conmigo la misma piel. Me desnudo. Dejo mis pechos sedientos secarse en plena primavera. Cierro las puertas de mi sexo. Niego mi propio ser. Entrego el número trece de cada mes en mi calendario, la muerte de mi madre y el triciclo rojo de mi niñez. Me despojo de todos y de todo, de mi número telefónico, mi diploma recargado y los cinco idiomas que aprendí. Empeño, sin pedir nada a cambio, mis pensamientos, todo mi conocimiento y la sabiduría de los abuelos que ya perdí. Arranco todo, y me destierro de este mundo, desprendiéndome hasta de mi nombre para quedarme sola -con la soledad-. E intercambiar todo esto por el último beso de esa boca tan conocida que hoy se hace en la distancia prohibida para mí.
Ménage à
Era imposible dejar de mirarla. Sus caderas giraban como manecillas enloquecidas. Me hipnotizaba, me seducía. De sus poros brotaban todos los ritmos con los cuales bailaba como sirena desplazándose por la pista de baile, aunque en mi imaginario, bailaba solo para mí. Mi hombre se encadenaba a mi cintura como cadena perpetua. Su virilidad rozaba mis espaldas y sus manos en mi cuerpo fracasaban en el intento de encender mi ansiedad. La miraba a ella, a su sensualidad implacable, a sus pechos en primavera. En complicidad sus ojos y los míos se besaban, se mordían, tocaban el fondo desde el fondo nuestros cuerpos tan iguales. Bailaba. Se movía. Agonizaba del deseo, del fuego que la quemaba, del prohibido placer. Desapareció como espuma en medio de la gente. Y esa noche fui tan suya, pecho con pecho, cuerpo a cuerpo, mi piel y su piel. Penetrada por un hombre caí rendida ante los pliegues de mi cama, pensándola, tocándola a lo lejos, soñando con el placer de bailar como serpientes con nuestros cuerpos clandestinos, nuestros cuerpos de mujer. Él nunca sospechará que la imaginaba a ella y que amanecí bañada de la música en su piel. Tal vez él también la pensaba a ella y en este imaginario nos hicimos carne los tres.
Adagio
Partitura rota por el tiempo
copulando con las notas
de mi fantasía,
vistiendo de blanco
semicorcheas,
tatuándole fusas
al alma mía.
Penetran bemoles
en mi pecho,
me dejan sin aire
las flautas
de tu agonía
y el estruendo
de mil tambores
en tu sexo,
acaba con el otoño
y la sequía.
Tú, la coda interminable
de mi carne
yo el mezzo forte
y tu elegía
cuando morimos
los dos
-cuerpo a cuerpo-
para convertir
a octubre
en melodías.
XIX (Primer lugar certamen literario CUC 2009)
Un poema
yace dormido
entre mis manos.
Síntesis
de todas
las metáforas
copulando
con mis dedos.
Símil
ardiente
rasgando
mi piel.
Sinécdoque
del cielo
tatuada
a mi cuerpo.
Huellas
digitales
penetrando
en mí.
Encabalgamientos
de tu cuerpo
y mi sexo.
Hiperbólicos
tus labios
escribiendo
besos.
Sinalefas
armoniosas
de tu grito
y mi gemir.
Despertar
este verso.
Conjugar
todos los fuegos
en mi fuego.
Escribir
tu nombre.
Encontrar
el aleph
de mi
universo.
Romper
tu métrica
y tu eco.
Ajustar
tu rima
a mis caderas.
Y cerrar
esta última
estrofa
con la alegoría
de un trueno.
Elegía (Segundo lugar Certamen Literario CUC 2009)
No se detuvo
el tiempo,
solo mis manecillas
del silencio.
El mundo gira,
tiembla el suelo,
calla el Universo.
Caminan
las gentes,
no se fijan,
nada saben.
-Son simples-
no lo notan.
No extrañan
los acordes
sublimes
que han partido
en tu regazo
mientras yo
llevo a cuestas
mi maleta llena
de bemoles tristes
en primavera
y arpegios
terribles
del otoño.
Ya las letras
andan huecas
por la ausencia
de ti.
No hay poesía
en las plazas,
ni pinturas
en bellas artes.
Faltas tú.
No lo saben.
Viven sus rutinas
y embalsamados
mis sueños
te lloran.
Otro día
cae
vencido
en mi calendario.
Ya no será igual
el mundo
sin tu nombre,
lo ignoran
las masas,
desconocen.
Es que no
les tiembla
el pecho
como a mí
en esta hora
dura
y solitaria
cuando el sol
besa triste
olas frías
al borde
del horizonte.
Cuando todos
se levantan
y corren
su vida
y yo
permanezco
arrodillada
sobre dolorosas
piedras
que flagelan
las horas
que viví
junto a ti.
* A Daisy E. Morales,mi madre. El puro ejemplo del amor hecho carne.
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