Partitura rota por el tiempo
copulando con las notas
de mi fantasía,
vistiendo de blanco
semicorcheas,
tatuándole fusas
al alma mía.
Penetran bemoles
en mi pecho,
me dejan sin aire
las flautas
de tu agonía
y el estruendo
de mil tambores
en tu sexo,
acaba con el otoño
y la sequía.
Tú, la coda interminable
de mi carne
yo el mezzo forte
y tu elegía
cuando morimos
los dos
-cuerpo a cuerpo-
para convertir
a octubre
en melodías.


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