La música
oculta las voces
que en complicidad
conjugan
el encuentro.
Vestiduras
dispuestas
e indispuestas
listas para el vaivén
de ritmos
dictados
por los cuerpos.
A oscuras
entre la gente
posees mi interior
desierto.
Tus manos
sosteniendo
la escasez
de mi falda,
mis manos
apretando
tu pantalón
abierto.
Y bailamos
cual si el ritmo
de la noche
sacudiera
mis adentros,
mas me sabes
poseída
por la longitud
salada
de tu sexo.
Esporádicas
las luces
te reflejan
mi rostro
mojado
en deseo.
Mis labios
mordiendo
los tuyos,
tu lengua
simulando
orgías
en mi pecho.
Cadencias
y melodías
me hacen gemir
sirenas
sobre tu cuello.
Y sin que acabe
tu canción
me invistes hasta
el nirvana etéreo.
Mi sexo
palpitante
recibe tu lluvia
de invierno,
tu pene reposado
siente el sol
en mis adentros.
Entre la gente
y el silencio
me destronas
de tu cuerpo.
en espera
de otro ritmo
en el vals
de nuestros
juegos.

