28 de mayo de 2018

Vacío


Días y noches rodando en la cama
como caracol olvidado a la orilla
del mar.
Me envuelvo y desenvuélvo
en las sábanas,
contraigo y estiro
mis piernas
mientras espero
que mi útero estalle
en lágrimas o sangre.
Mis huesos crujen
como piso
de madera vieja,
mis músculos arden
como hornilla encendida.
En silencio acaricio
el paréntesis
de mi vientre,
conjunto vacío,
un cero al sur
de mi ombligo.
Siento el dolor
y pienso que falta poco,
me equivoco,
lloro frustrada.
¿Cuánto tiempo toma
parir un fantasma?
¿Cuántas horas
para que mi cuerpo sepa
que su fruto ya ha muerto?
Camposanto entre mis caderas
se reúsa a abrir sus puertas
pero esta vez yo sé
que mi Lázaro
no resucita.
Miro al techo resignada,
escucho las lloviznas
estrellarse en mi ventana.
Me pregunto si podré
caminar hasta el jardín
y escoger las más
diminutas flores
para posarlas
en mi abdomen
y elevar una oración
por mi niño perdido.