Febrero 14, 2009.
Tantos fonemas que nunca serán pronunciados. Un Te Amo atravesado entre los dientes, un Te Quiero asfixiado en la garganta, un Deseo apagado por las ráfagas implacables de tu invierno, un respirar que desde hoy será prisionero de mi pecho y no te perseguirá. Se me eriza la piel mientras escribo, pensándote, sintiéndote en la memoria de una foto vieja, buscándote en el reverso de una flor. No te encuentro. Te escondes. Ellos ríen, se alegran, bailan. Y mis lágrimas se mueven al son de un bolero triste que se danza en soledad.
Callo. Me lo impones. Me lo pide tu silencio. Me convierto en espectadora de esta muerte indeseada por mí. Pero nos envenenan amor, nos matan. Entierran mi cuerpo. Y ya sabes, cuando callan al poeta, agoniza, desvanece, se marchita como la primavera cuando se deja besar por Octubre. Nunca lo sabrás. Profanaré las pasiones que dibujaba en el canvas de tu cuerpo. Descompondré las partituras inventadas con los tonos de tu voz. Y hasta el sol dormirá con tu sonrisa apuñalada por que nos matan amor y tú nos dejas morir.
Y allá en el sepulcro de tus manos y mis besos se escuchará el llanto de una niña azul. Llorarán los mares y mis versos. Se acabarán las luces de este siglo y las del porvenir. No se verá tan a menudo la luna llena (por que era nuestra). Tú no perdonarás tus miedos. Yo lloraré bajo el agua para esconderme de ti. Y cuando pase esta temporada larga y triste, quedarán tantas cosas sin decir.


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