
Sólo por una vez pudo calmar las voces que habitaban dentro de su ser. Encontró el silencio nuevamente y pudo reconciliarse con la soledad. Su vida había sido un carrousell fúnebre donde a ningún niño le interesaba jugar. Giraba por la vida sola esperando el silencio para volver a nacer. El fuego en sus entrañas la quemaba y la hacía vomitar feroces piedras de papel. Sólo ella entendía el contenido de estas cartas malditas que la hacían permanecer atrapada dentro de aquel mundo atroz. Escuchaba las voces, los gritos, la muerte y la sangre que corría en las otras venas vecinas vacías. Veía los espíritus atormentando las almas, veía al diablo objetando con Dios y a cientos de vírgenes copulando con las garras de un feroz animal. Quería despertar, huir, morir o matar. Quería escapar de ese mundo muerto, de ese permanente Octubre en el cual se había quedado encerrada por error. Ella sabía que no pertenecía a ese lugar, ella sabía que estaba llena de ansias, de vida, de intrigas y misterios que sólo en el silencio podía descubrir. Sus venas ardían más que nunca como si una tinta nueva comenzara a circular dentro de su ser. Quería pintar un mundo claroscuro, quería ser todas las mujeres en la misma mujer. Así despertó ella esa noche bañada de sudor, de sangre y carbón. Su cuerpo desnudo palpitaba, su respiración temblaba y su pecho latía. Con un verso descubrió lo que era el silencio, así halló el fin de su demencia entre unas rimas adictivas que se convertirían en sus nuevos alucinógenos sin prescripción.

2 comentarios:
Hermosamente oscuro, pesadillescamente poético... ¿es posible la redención a través de un verso?
un abrazo
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